El cambio constante

Actualizado: 28 de feb de 2019


No sabría decantarme por si me gusta o no la costumbre que tengo de sacarle defectos a todo lo que hago, soy un poco ''niña repelente'' para con mi trabajo. Hace casi un año comencé un proyecto llamado <<Hedoné>>. En él relato gráficamente mediante ilustraciones situaciones vividas como camgirl y durante este tiempo he ido cambiando, haciendo y rehaciendo partes de este sin estar convencida del todo en cuanto al resultado final.



Estas imágenes pertenecen al prototipo del proyecto. En concreto, al tercer capítulo en el que presento la escena de mi primer show con un sumiso. Nos remontamos a 2016, él era portugués y yo con mi escaso dominio del idioma que, lo poco que aprendí fue gracias a un amigo que hice cuando residía en Japón, intentaba defenderme mediante una mezcla de portugués e inglés. La relación de profesional y cliente fue haciéndose cada vez más estrecha y, aunque a día de hoy ya no demande mis servicios seguimos en contacto. Y como todas las primeras veces, dejó una pequeña huella en mi mente y quise hacerle un homenaje de la mejor manera que creo poder hacer.



Como persona que gusta de prácticas pertenecientes a lo conocido como BDSM, sentía que en las ilustraciones del prototipo era imposible captar y transmitir la esencia y frenesí que otorga el momento de sumisión en este juego de roles. Ese instante en el que eres sometido por quien tú eliges y hace lo que tú le ordenas. Porque sí, aunque muchos tengan una idea preconcebida errónea sobre el rol del sumiso en estos juegos, es el sometido quien impone las normas.


Algunas personas podrán pensar que todo lo realizado en este tipo de sesiones ya sea cara a cara u online, son auténticas atrocidades pero, recordemos siempre que cuando todas las partes del juego deciden apostar y hacerlo, no existe ningún tipo de horror. Para explicar mejor esta cuestión, expondré un fragmento extraído del libro <<Justine o los infortunios de la virtud>> de Donatien A.F. de Sade:


<<¿Has visto, Thérèse, espejos de formas diferentes? Unos disminuyen los objetos, otros los aumentan. Los hay que los vuelven espantosos, y otros que les prestan encantos. ¿Te imaginas ahora que si cada uno de esos espejos uniera la facultad creadora a la facultad objetiva ofrecería, de un mismo hombre que se contemplara en él, retratos totalmente diferentes? ¿Y estos retratos responderían a la manera como ha percibido el objeto? Si a las dos facultades que acabamos de atribuir a este espejo, uniéramos ahora la de la sensibilidad, ¿no tendría hacia este hombre, visto por él de tal o cual manera, el tipo de sentimiento que le fuera posible concebir para la clase de ser que habría descubierto? El espejo que lo hubiera visto bello, lo amaría; el que lo hubiera visto espantoso, lo odiaría. Y, sin embargo, se trataría siempre del mismo individuo. »Así es la imaginación del hombre, Thérèse; el mismo objeto se representa para ella bajo tantas formas como diferentes modos posee, y es a partir del efecto recibido por esta imaginación del objeto, sea cual fuere, que se decide a amarlo o a odiarlo. Si el choque del objeto percibido le sorprende de manera agradable, lo ama, lo prefiere, aunque ese objeto no contenga en sí ningún atractivo real; y si dicho objeto, aunque de un valor seguro a los ojos de otro, sólo ha afectado la imaginación a que nos referimos de manera desagradable, se alejará de él, porque cualquiera de nuestros sentimientos se forma y se realiza debido al producto de los diferentes objetos sobre la imaginación. Nada sorprendente, a partir de ahí, que lo que gusta vivamente a unos pueda disgustar a otros, e, inversamente, que la cosa más extravagante encuentre, sin embargo, partidarios... El hombre contrahecho también encuentra unos espejos que lo hacen bello. »Ahora bien, si admitimos que el goce de los sentidos depende siempre de la imaginación, y está regulado siempre por la imaginación, ya no habrá que sorprenderse de las numerosas variaciones que la imaginación sugerirá en tales goces, de la infinita variedad de gustos y de pasiones diferentes que parirán las diferentes desviaciones de esta imaginación. Dichos gustos, aunque lujuriosos, no deberán sorprender más que los de tipo sencillo; no hay ninguna razón para considerar una fantasía de mesa menos extraordinaria que una fantasía de cama; y en uno u otro género, no es más asombroso idolatrar una cosa que la generalidad de los hombres considera detestable de lo que lo es amar otra generalmente reconocida como buena.>>



Para cerrar esta entrada os dejo parte del proceso de nueva creación y unión entre todas las ilustraciones del prototipo aunque, he de apuntar, que todavía necesita algo más.